Julie Wark - Daniel Raventós.
Europa es un colosal exponente de los "niveles alarmantes" de desigualdad en todo el mundo. El comunicado de prensa de Oxfam de Septiembre 2015, "La creciente desigualdad hunde en la pobreza a más millones de europeos", hace una cruda comparación entre los "123 millones de personas - casi un cuarto de la población de la UE - en riesgo de vivir en la pobreza y sus 342 multimillonarios". Hay quien pone en cuestión la exactitud de este informe. Bien, si en vez de 342 fueran 3.420 ¿estaríamos hablando de cosas muy diferentes? Otros informes muestran cómo, en todo el mundo, las fortunas de los mega-ricos se han disparado durante la crisis, una situación resumida en el trabajo "El 1% más rico tendrá más riqueza que todo el resto en el 2016". Informes aún más recientes corroboran la tendencia. Los efectos socioeconómicos de esta desigualdad indecente y de cómo lidiar con ellos son ampliamente discutidos y un producto del debate es un interés, en rápida expansión, respecto a la renta básica incondicional universal, que por lo general se presenta como una medida para combatir la pobreza.
















