*Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens.
“Cada nueva idea pasa por tres fases.
Primera: Es una locura, no me haga perder el tiempo.
Segunda: Es posible, pero no vale la pena.
Tercera: ¡Ya dije desde el principio que era una buena idea!”.
(Arthur C. Clarke)
No hubiéramos pensado que haríamos un recorrido tan largo y persistente cuando en el año 2001 un puñado de personas fundamos la Red Renta Básica. El 29 de noviembre celebraremos en la localidad madrileña de Fuenlabrada el XIV Simposio de la Renta Básica. Con la renta básica (RB), un ingreso monetario incondicional a toda la población, parece, según una primera mirada superficial, que pasa como con las modas y con los vientos: van y vienen. Ahora estamos en momentos en donde con toda seguridad la RB ocupa un espacio en el debate público de una intensidad hasta ahora desconocida. Poca duda puede haber que esta organización política llamada Podemos ha contribuido indiscutiblemente a ello al incorporar la propuesta de la RB en su programa político de las últimas y recientes elecciones al parlamento europeo. Antes habían contribuido organizaciones como Bildu y Anova en Euskadi y en Galicia, respectivamente. Y lo siguen haciendo. Periodistas, tertulianos, economistas, sindicalistas, parlamentarios… hablan a favor o en contra de la RB de una forma constante. Buenas noticias para la difusión y conocimiento de esta propuesta. Pero las malas noticias (¡detrás de la cruz está el diablo! que escribía Cervantes) para un debate racional y ponderado: demasiadas precipitaciones, animadversiones, pasiones (algunas no muy altas), simplificaciones… Pero nada sería más torpe que quejarse de las circunstancias: son las que son y con ellas hay que bregar.
