Jesús García Gualdrás
Los que defendemos la idea de una Renta Básica de Ciudadanía universal, incondicionada y suficiente tenemos enormes problemas para hacernos comprender, tanto en ámbitos cotidianos cómo en ámbitos académicos. Aunque también es cierto que la propuesta ha dejado de ser “exótica” y está cada vez en más debates.
A pesar de toda la buena literatura en términos de fundamentación normativa y en términos de posibilidades de llevarla a la práctica política y económicamente, se echa en falta algo que creo que es fundamental, y es (que si bien el argumento del derecho a la existencia conseguimos que aparezca cómo autoevidente, los informes y cálculos financieros y fiscales demuestran la posibilidad de implementación de la medida, y que solo hace falta voluntad política para tomar la decisión), la necesidad de comprender que el discurso que venimos manejando respecto a la RBC choca frontalmente con unos marcos de comprensión muy arraigados en algunos mitos y cosmovisiones que están profundamente interiorizados por parte de las personas, a su vez hemos de reconocer que esos mismos marcos de comprensión, mitos y cosmovisiones influyen en nuestro discurso en la medida, y esto me parece crucial, que usamos un lenguaje y unas construcciones, teóricamente para ilustrar ideas nuevas, que son connaturales con las mismas cosmovisiones. Por ejemplo ,”una RBC universal, incondicional y suficiente acabaría con la pobreza”, y definimos la pobreza como el 50% de la renta media.