Ernesto Ruiz Ureta.
En un mundo en el que el trabajo escasea, se hace precario y no es capaz de sacar a los trabajadores de la pobreza. Un mundo en el que un sector cada vez más importante de población se queda en paro por razones tecnológicas o por razones de competitividad. Un mundo en el que hay personas excluidas que no tienen ninguna remuneración (no porque no tengan trabajo o actividad sino porque no tienen empleo) a pesar de que su contribución es útil y trascendente para el mantenimiento y progreso de la sociedad en la que viven. En este mundo que hoy, por desgracia, es nuestra realidad, es obligatorio pensar en alternativas que permitan a la ciudadanía, a todos y cada uno de los ciudadanos, un mínimo de recursos, de bienes, para poder vivir dignamente. Corremos un gran riesgo social y vital si mantenemos un capitalismo totalmente liberado a sus fuerzas, un capitalismo de amiguetes, un capitalismo financiarizado, un capitalismo de casino, que ha hecho de las crisis sistemáticas un hecho excesivamente habitual y consigue empeorar y no mejorar la vida de una gran parte de la población[1].

