Desde su presentación en sociedad, el Impuesto sobre la Riqueza y las Grandes Fortunas (el IRGF) se ha convertido en el centro de todos los ataques, por la razón evidente de que los impuestos sobre la riqueza no gustan en general a los poseedores de riqueza; y menos en este caso, en el que el impuesto está bien hecho, y ha cerrado las principales vías de escape que suelen tener los impuestos patrimoniales para favorecer una tributación light de las grandes fortunas.
Uno de los argumentos más recurrentes a la hora de atacar a dicho impuesto es el relativo al peligro de la deslocalización de grandes contribuyentes, la famosa "fuga de patrimonios". Los ataques vienen básicamente desde dos líneas de argumentación.
Uno de los argumentos más recurrentes a la hora de atacar a dicho impuesto es el relativo al peligro de la deslocalización de grandes contribuyentes, la famosa "fuga de patrimonios". Los ataques vienen básicamente desde dos líneas de argumentación.

